jueves, 24 de octubre de 2013

Hablamos mucho, pero no siempre entendemos el valor de las palabras. Una palabra puede ser más poderosa que una lluvia de misiles... Una palabra dicha o no dicha, gritada o susurrada, puede desatar una revolución.
Uno no se da cuenta de todo lo que tiene para decir hasta que empieza a decirlo. Las palabras están ahí, atrapadas en tu cabeza y quieren salir, quieren ser dichas, quieren ser gritadas.