"El perro es el mejor amigo del hombre", dicen... también dicen que es el fiel reflejo de su dueño, y otros dicen que el humano es su amo.
Raba es mi compañero, es el fiel reflejo de la educación y el amor que le dimos en casa, es uno más de la familia y no tiene dueño, porque no es una cosa, es un animal que vive y siente.
Raba llegó a mi vida cuando estaba partida, cuando había, de cierta forma, perdido el rumbo... Raba supo estar a mi lado y acompañarme sin saberlo. Me dio el amor que necesitaba y sin quererlo, lleno de vida la casa y convirtió esto en un verdadero hogar.
Que un animal escuche el ruido de la puerta, el ruido de una llave girando la cerradura, e inmediatamente se levante a ver quién es y vea que sos vos, y se alegre, te mueva la cola y te salte, estire su cabeza para que te agaches y te de un beso... es único. Raba hace eso todos los días, se estira en dos patas y estira su cuello todo lo que puede, para que vos te agaches, te lama el cachete y camina con vos a donde vayas.
Tuve otros perros, y los quise mucho, pero con él es diferente... muy diferente. Raba se acuesta conmigo y se levanta cuando salgo de la cama. Finge mirar la televisión tirado al lado mío, solo porque estoy yo... Raba se queja cuando tus piernas ya no cumplen su función de almohada y, cada vez que sale a pasear, mira para atrás para encontrarme y saber que no está solo.
Raba es la representación del amor más puro que conocí, y el amor más puro que tengo día a día conmigo... Cada vez que viajo, extraño más a Raba que a mi mamá.
Raba nos unió como familia y nos emocionamos cada vez que hace alguna pavada. Raba es super molestable y se deja molestar.
Raba me despierta parándose arriba mío, y hasta que no le dejo un lugar en la almohada, no se queda quieto.
Él sabe a quién pedirle comida de humanos y nunca le hizo mal a nadie. Raba fue, es y será por siempre mi perro, mi amigo, mi compañero, mi bebé y mi hijo. Está tatuado en mi piel y fue el encargado de darme amor para recuperarme... Porque fue Raba, el que llegó un 27 de enero de 2013, desnutrido y con parásitos a romper, ensuciar, y llenar de amor esta casa, y nosotros le dimos el mismo amor, para curarlo, nutrirlo y mimarlo para siempre.
Un año, exactamente un año pasó entre la gran bisagra de mi vida y la llegada de Raba a mi vida. Un año en el que seguí viviendo y pasaron un montón de cosas... Pero nadie ni nada supo darme tanto amor, del más sincero como este perro.
Gracias Raba, por todo lo que haces inconscienemente por mi. Te amo.
