Cuando uno tiene frente a su cara las palabras que, dichas o no dichas, duelen, hay que soltar.
Hace exactamente una semana me abrazó y, esos cinco segundos que duró fueron los cinco segundos que necesitaba hace dos años.
Necesito soltar para ser feliz, y no seguir teniendo un nudo en el pecho cada vez que pienso en lo que fue esa amistad, y en lo que fue su pérdida.
Y sí, a veces es necesario dejar ir. Fuiste una amiga única, y tuvimos la amistad que, seguramente, toda mi vida me voy a arrepentir de haber perdido. Con el tiempo sanan las heridas, dicen. Espero que así sea.
Te quiero, para siempre.
Tu tomatilla.
