viernes, 21 de abril de 2017

Siempre te recuerdo en las redes con las mismas fotos. Son fotos que veo cada día cuando me despierto, porque las tengo pegadas en el corcho, frente a la cama. Son fotos que hablan por sí solas, que leen los ojos, que hablan de amor.
En el escritorio, al lado de mi título del colegio, tengo tu título de arquitecto, eximido por la Universidad Pública, educación que siempre defendiste, a la que nos mandaste a todos, de la que somos parte -y desde hace poquito, soy flamante egresada-.

Hace unos años, en una actividad de Kinder, nos hicieron elegir una estrella y pedirle un deseo. La derecha de las tres marías es mía, y ahí te encuentro cuando miro al cielo, como un faro, como una guía.

Cada día que pasa voy descubriéndote en relatos de la gente que te conoció, porque si tuviese que reclamar algo, es que te fuiste temprano de mí; pero dejaste huella en muchas personas que te recuerdan con amor, con cariño. Mis hermanos me cuentan lo gamba que eras, cómo siempre ayudabas al otro, cómo te desvivías por tu familia, y cómo amabas a Roco. También me cuentan que renegabas de tu judaísmo, pero que te gustaba saber qué era lo que negabas... tu reticencia tenía justificativos teóricos y, paralelamente, la tumba que diseñaste para tu viejo esconde una explicación entre letras hebreas y fronteras de Israel que, ciertamente, nunca sabremos porque te la guardaste para vos.

Así de loco lindo te recuerdan, así de loco lindo te recordamos. Todo lo que me cuentan de vos lo veo reflejado en mí, creo que ese fue el mayor legado que me diste, incluso desde tu estrella, que es mía, que es de los dos. Si hoy compartiésemos una mesa, creo que lo único que discutiríamos sería el judaísmo, pero coincidiríamos en no creer en Dios, en luchar por lo que queremos, en ser coincidentes entre lo que hacemos y lo que decimos.

A mí me hace bien pensar que me acompañas desde arriba, que me ves cada día y que estás orgulloso de mí, tanto más de lo que yo estoy orgullosa de mí misma y de la vida que llevo; que estás orgulloso de mis hermanos, de mamá, de Andrés, de mis amigos, que son mi gente, y que son parte constitutiva de quién soy. Espero que ames a Raba tanto como lo amo yo, y que te rías de cada boludez que hace. Espero que celebres conmigo a la Nueva Luli, como me autodenomino: Sin tanto drama, y más feliz, viviendo un día a la vez, siendo hacedora de mi camino, cumpliendo mis proyectos, y amándome más que nunca.

Hoy sería tu cumpleaños, brindamos al cielo por un año más de eternidad, y te extrañamos siempre. Tu legado, que siempre digo, es la unión, con mis hermanos lo llevamos como bandera -con peleas, obvio-, pero caminando la vida juntos, siempre.

Te amo pa, feliz cumpleaños.