domingo, 7 de octubre de 2018

En estos dos años yo gané vida, gané experiencias, gané crecimiento, amistades y amor propio.
En estos dos años yo gané voz, gané risas, gané recuerdos, anécdotas y secretos.
Después de dos años yo no perdí, yo no soy la víctima, yo no soy la protagonista de esa sino de mi historia. Yo soy aquella convertida, mejorada, trabajada y transformada en lo que soy hoy, y estoy segura que soy mejor que aquella que callaba en vez de hablar. De aquella que soportaba por miedo a que la dejen de querer. De aquella que no sabía decir que no. De aquella que tenía miedo de quedarse sola y se aferraba a relaciones que no eran para nada recíprocas.
Hoy soy mucho mejor que aquella que era; aquella que se enroscaba por demás para mantener a todos contentos, aquella que siempre hacía favores pero que no contaba con mucha gente a la hora de pedir uno. De aquella que no reconocía aquellas miserias y sonreía creyéndose ese falso cuento.
Hoy soy una mujer que tuvo dos años para hacer una procesión por dentro. Una mina que sabe lo que no quiere y a partir de eso va descubriendo lo que tiene ganas de hacer. Una mujer que siente, que ama, que no odia, que no da segundas oportunidades pero que perdona, porque entendió que perdonar es sanar, es liberar espacio en el disco, es descomprimir.
No soy ingenua, aquella lo fue. Soy una mujer que duda mucho antes de abrirse a alguien pero que cuando confía se lanza al vacío, todavía no aprendí a cuidar un poco el corazón, pero es que al final estamos de paso, y la vida es más linda cuando uno ama. Y al final, también, uno entiende que está hecho de historias, y ya lo dijo mi película favorita: "No por miedo a errar, vas a dejar de jugar".