domingo, 2 de julio de 2017

¿A dónde van las palabras que no se dicen? Porque no desaparecen, lo sabemos todos. Podemos ignorarlas, pero el hecho de que no se digan en voz alta no significa que no estén, que hayan desaparecido, que se hayan volado con el viento.

A veces nos cuesta tanto decir las cosas que las pensamos una, dos, y hasta tres veces, y la mayoría de ellas, esas cosas, no se dicen: no salen de nosotros, quedan en pensamientos, en miradas, en suposiciones de lo que hubiera pasado si...

¿Por qué nos cuesta tanto decir lo que queremos decir? ¿Por qué callamos cuando nadie nos está censurando? En un mundo donde tener la palabra es un privilegio, ¿Por qué nos cuesta tanto expresarlas?

Elegimos quedarnos con las palabras atoradas en la garganta, con un gusto amargo, una maraña de cosas por decir y oraciones que se entrecruzan y mezclan en la cabeza, suponiendo guiones de lo que podría haber sido, en vez de decirlo todo de una vez y para siempre.
Elegimos guardarnos cosas pensando en lo políticamente correcto cuando nos engañamos a nosotros mismos sobre lo que sentimos y queremos sacar de adentro. Engañar al corazón es políticamente incorrecto.

Las palabras dichas en el momento justo o a destiempo significan. Las calladas, también; y queman. Fiel defensora de las palabras, creo que hay que decir las cosas cuando queremos decirlas. Alguien nos está escuchando. Hay una persona frente nuestro que quiere escucharnos decir lo que pensamos, ¿Para qué vamos a callar? Pero sobre todo, y si no hubiera ese otro, hay alguien. Sos vos, soy yo, que necesitamos sacar de lo profundo de nuestro ser eso que venimos procesando hace tiempo, consciente o inconscientemente. Necesitamos hablar para sanar el alma, para liberar el cuerpo, para gritar al viento todo eso que nos ata a nuestros propios pensamientos y nos ahoga en ellos.

Hay veces en que las palabras sobran, eso lo sabemos todos también. Pero cuando no, cuando están, háblalas, grítalas. Hablá con otro, escuchá a otro. Pero también habla con vos, escuchate a vos, gritate a vos. Escupí esas palabras que tenes en la punta de la lengua. Que se traduzcan en voz tus pensamientos silenciosos y que hagan ruido: para bien, o para mal, que suenen... y que lo políticamente correcto sea eco de otra historia.

Luli Heffes.