sábado, 30 de diciembre de 2017

Año nuevo, vida nueva

Llega la semana de los balances porque, debo confesar, me gusta esto de frenar un toque entre tanto acelere y fruidez cotidiana para poder reflexionar y pensar en todo lo que viví este año que, hoy por hoy, me parece que fue eterno y, creo, debe ser porque empezó muy distinto de cómo termina.

Este año me redescubrí. Me encontré conmigo y con un montón de amor propio que había perdido en el camino. Me di cuenta de que había mil cosas de mí que no me gustaban tanto y que quería trabajar para cambiarlas. Lejos de apoyar el amor propio en egos banales y superfluos, supe construirme desde un sostén de la cuota mínima necesaria de ego sano, que a uno le permite estar bien consigo y así poder estar bien con los demás.
Aunque me falta un montón de camino por recorrer para deconstruir y, finalmente, abandonar ciertas prácticas y arranques arraigados, sin duda estoy muy contenta con los cambios que hice en mi forma de actuar, de pensar, de hacer y de deshacer; de relacionarme, de trabajar, de dar y, también, de recibir.

En el ámbito académico cursé el último año de la Licenciatura en Comunicación con la cabeza muy distinta a cómo pensaba arrancarla.
Disfruté, hice amigos nuevos, abandoné prejuicios pelotudos sobre algunas personas y me encontré con gente súper piola con la que las materias se hicieron llevaderas y no trámites, y la gran cantidad de horas y desgaste que llevó, por suerte, fue ameno porque fue compartido con re lindas personas a las que agradezco que me hayan soportado con mis TOC, mi voz insufrible que muchas veces juega de mandona, mis llamados o Whatsapp densos e insistentes, y a mí en su totalidad. Sin dejar pasar que me encontré con gente realmente mala, con una docente a la que detesto y que estoy completamente segura de que puede ser todo menos educadora, que quiso que abandonemos la cursada frente a repetidos abusos de poder y denigre en actos súper patoteriles a nivel psicológico y también con amenazas de violencia física. Gente que sé que existe, pero que nunca me había cruzado tan de cerca, y que quiso que nos peleemos entre nosotros apelando a chicanas políticas y recursos antipedagógicos para manotear, a como de lugar, un poquito de autobombo político a costa de nuestro laburo en el barrio. Pese a todo, la balanza se inclina hacia la buena gente con la que bancamos las toscas y con la que funcionamos como un verdadero equipo.

También terminé el año entregando y aprobando el Plan de TIF, lo que fue el último primer paso hacia el título para ser nuevamente egresada de la educación pública, a la que orgullosamente caí de piba, y elegí seguir cayendo en la universidad.

En el plano afectivo me encontré desde nuevos lugares para construir mis relaciones. Descubrí la decepción nuevamente y me sorprendí, negativamente, de lo mucho que uno cree conocer a una persona y en realidad no la conoce nada. Por otro lado, pese a esa miseria, reafirmé lo simple y grande que es la palabra AMIGO, y que hay pocos que lo son de verdad. El 2017 fue, sin duda, el a;o de la amistad sincera, de las risas francas compartidas, de los momentos y anécdotas junto a esas personas a las que agradezco el haber cumplido su palabra de 'estar siempre'.

Este año me di cuenta de que no tenía ganas de rogarle a nadie, de que no quería engancharme en la visión negativa de la gente ni de hacerme problema por nada porque, como dije a principio de año, lo único que no tiene solución es la muerte, y estamos bien vivos todos para hacernos problema por nimiedades. Entonces me encontré en una posición de disfrute de la vida que hizo que realmente me permita vivir nuevas experiencias de juventud que quizá antes no había pasado.

Ayer, también, cerré mi paso por el Kinder y Colonia, y elijo ponerlo en el plano afectivo porque me voy feliz y llena de amor hacia ese proyecto al que tanto le di y que tanto me dio; feliz por poder haber conocido y compartido con cada uno de esos janijim, sus historias y sus familias, que apoyaron con tanta confianza y compromiso cada cosa que se nos ocurría y siempre con buena onda y predisposición, también con los madrijim, que fueron janijim míos y que lo hacen posible.

Este año tuve ganas de vivir sin preocuparme, muy a lo Hakuna Matata. Intenté no enroscarme en los mambos de otras personas y la terapia me hizo dar cuenta de que uno no puede ser empático constantemente; uno puede acompañar y estar para el otro pero el 'ponerse en los zapatos de', tiene un límite. Pude elegir acompañar a la gente pero no hacerme cargo de sus dramas y problemas porque no me pertenecen, y en esa elección encontré plenitud. Ligado a esto entendí que no puedo hacerme cargo de todo, ni puedo controlar todo lo que sucede, y al desentenderme de situaciones que antes me estresaban, pude disfrutar mucho más sinceramente lo que hacía.

También me volví a enamorar y más allá del otro, pude encontrarme sintiendo cosas grosas -y lindas-  otra vez, y descubriendo que las palabras de Magalí Tajes, y su cuento que marcó un antes y un después el año pasado, eran verdad: "Y una mañana, de verdad, una mañana vas a abrir los ojos y te vas a sentir rara. Te vas a tocar el pecho. Tu corazón va a estar latiendo, tranquilo. Quédate escuchándolo. Está diciendo: "Gracias, ya pasó. Estoy listo, cuando quieras, para que quieras otra vez". El enamoramiento llegó sin buscarlo, y aunque con miedo, cuando lo asumí, me encantó volver a vivirlo.

El 2017 no fue MI año, ni EL año, pero realmente la pasé bomba... las salidas, las risas, los llantos, las cenas con amigas, las alegrías y las borracheras con vodka, la mononucleosis, las caídas, rikudim, las corridas, las listas de tragos probados en Brothers, los fines de semana miércoles / jueves, la facultad, los recitales de Lali, el Kinder, el laburo, mis nuevos amigos y amigas, las peleas, los arreglos, mi familia, los cambios, mis viejos amigos y amigas, Raba... En fin, todo lo que hace que sea quien soy hoy, hizo de este año, uno inolvidable.

Por todo esto me denominé 'Nueva Luli', y es una nueva yo que me encanta, que sigo construyendo, y por eso sigue siendo nueva, que está en constante crecimiento, y que estoy muy feliz de ser.
Gracias a los que forman parte de mi vida por hacerla tan linda. Que el 2018 nos encuentre viviéndolo otra vez juntos.

Lejaim!