La gente rota no es mala. Pero hay gente rota que se piensa curado intentando destruir a otros.
Hay gente rota que con esfuerzo, cada día, junta las piezas de lo que es y se arma para ir caminando, de a poco, un paso a la vez, para seguir adelante. Esta gente es mi favorita. No existe la gente que nunca se rompió, que nunca tuvo un quiebre, por más chiquito que sea. Si alguien te dice que está entero, yo dudo.
Me gusta la gente que se reconoce rota y, sin embargo, se levanta siempre como si fuese recién salida del horno. La gente rota a veces necesita capas de chapa y pintura, pero es más auténtica. Yo siempre digo que brillo donde sea; con aires de grandeza digo que me amo y que soy perfecta. Pero también estoy rota. Brillar no es contrario a estar rota.
Me rompí muchas veces, el amor me rompió, el dolor me rompió, el enojo me rompió. Alguna que otra frustración me volvió a quebrar un poco. Cada una de esas veces me levanté, me junté las piezas, me ayudaron a juntarme y me acompañó gente, también dañada, para seguir caminando.
La gente que se asume dañada y se levanta cada vez, esa gente brilla. Esa gente no necesita reflectores, no necesita purpurina. La gente que no te vende una cosa por otra, que está rota y te lo muestra, pero también te muestra que el pegamento que tiene amor sano pega y no despega, esa es mi gente preferida, y esa es la gente que viaja conmigo la vida.
Luli Heffes