La abrupta, inexplicable y sorpresiva partida de Santiago Vázquez me hace reflexionar acerca de la vida que estoy viviendo.
El ser humano tiene esa increíble capacidad de temerle a la muerte y de ignorarla a la vez. Vivimos con miedo a morir y, muchas veces, ese miedo nos frena a hacer un montón de cosas. Vivimos para trabajar y tener plata para que, con esa plata, en un futuro, podamos hacer X cosa. Y en realidad así te pasas la vida trabajando para llegar a hacer algo en un futuro que por tal o cual razón seguís posponiendo. Ya sé, no todo es tan negativo, vivimos y disfrutamos, pero muchas veces la sociedad y la necesidad que impera en este sistema hace que vivamos para trabajar y no que trabajemos para vivir. Vivimos proyectando: 'en un tiempo cuando', 'cuando sea grande', 'cuando termine de'... y así vamos pasando por la vida sin disfrutar del medio para el fin, pensando que, circunstancialmente, estamos haciendo lo que hacemos para conseguir aquello, y no por el simple hecho de disfrutarlo sea fin o no.
Vivimos preocupándonos por cosas tan intrascendentes que no nos damos cuenta de lo que realmente vale. Pensamos que vamos a ser más felices con el útlimo teléfono, o el zapato de moda, el jean alto, ancho, negro, el último look; y en realidad no nos detenemos a agradecer un abrazo, un 'ché, estoy', un beso, una sonrisa, una palabra, o una simple compañía. Una vez leí: "No importa qué haya dentro del paquete sino las manos que lo entregan", y es así. Apreciemos los gestos, no lo material. Las personas que nos acompañan en cada paso o intermitentemente aparecen, son las que hay que valorar, porque están y son. Son un otro que necesitamos.
Es hora de disfrutar y empezar a hacerle frente a la muerte. Sé que estás siempre acechándome, la pensamos lejos pero está ahí, a la vuelta de la esquina, para atacar en cualquier momento. Dejemos de censurar a quien la asume. Todos nos vamos a morir pero mientras, vivamos. Disfrutemos, no nos enrosquemos en boludeces, que la vida es mucho más. La vida es una, no somos inmortales. Apreciemos los mínimos detalles, y démosles a las cosas materiales el lugar que merecen. Valoremos a las personas que están, que son, que sienten. Hagamos, sin miedo, o con él, pero no dejemos de hacer. Que al fin y al cabo estamos de paso, y mejor dejar una huella y vivir marcados, que despedirse del mundo sin haber dejado un eco, un recuerdo o una historia que contar.
Que descanses en paz y lleno de risas, Santiago. No te conocí, pero me hiciste reflexionar sobre la vida que llevo.